Valentina Meléndez: Un claro ejemplo de que las apariencias engañan
- Melissa Rodriguez
- 13 ene 2020
- 5 Min. de lectura
Arriba en canchas, lugar que pocos visitan en la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB), se encuentra Valentina Meléndez, una chica de 22 años que se destaca por su participación en el equipo de Rugby. A simple vista intimida y parece ser una chica bastante ruda, pero basta conocerla un poquito para descubrir lo sensible que es.
Aparte de ejercer un liderazgo en su equipo, también pertenece al Movimiento Juvenil “Huellas” donde día a día trabaja para ser más y servir mejor. Definitivamente de ambas actividades lo que más le gusta es la unión que viene con el trabajo en equipo, equipo que ya define como familia en ambos casos. Actualmente estudia educación, sin embargo no es su primera formación profesional.

Sueño culinario
Valentina nació en Caracas y a los 8 años, por el divorcio de sus padres, se mudó con su mamá a Valera, estado Trujillo. Desde los 4 años demostró fascinación por la cocina y cada día la fue desarrollando. Siempre le encantó cocinar, le llenaba hacer feliz a los demás con sus platillos y todavía le llena.


Cuando estaba en quinto año de bachillerato, buscó la manera de estudiar cocina. Definitivamente, la ciudad de Caracas tenía las mejores escuelas, sin embargo, no era una opción para ella pues en ese entonces no le gustaba Caracas. Como anillo al dedo, descubrió que el reconocido chef Sumito Estévez tenía un instituto culinario en La Asunción. Por ello, con el corazoncito arrugado dejó a su madre y emprendió un viaje a la isla de Margarita con el fin de alcanzar su primer gran sueño: ser cocinera profesional.
En el proceso descubrió una nueva pasión: enseñar. Ya no solo quería hacer feliz a los demás con su cocina, sino que también le encantaba transmitir a los demás esos nuevos conocimientos adquiridos. Por eso, al culminar su formación culinaria estaba completamente decidida a estudiar educación. Así terminó en la ciudad que había rechazado en un principio e ingresó en la UCAB (lugar donde tuve el placer de conocerla) como beneficiaria del programa “Educa 2020”.
El norte siempre es el mismo: “Mi misión es crear una academia de cocina que pueda formar a jóvenes cocineros de forma integral”, afirma. Su mayor sueño en el futuro es brindarle un espacio educativo de calidad a todas esas personas que no tienen la oportunidad de recibir una formación culinaria como la que ella recibió y, de esta manera, complementar ambas cosas.


Un equipo es tan fuerte como lo es su eslabón más débil
Invictus es una película basada en hechos reales que narra la historia de cómo el equipo de rugby de Sudáfrica atravesó todas las adversidades que tenían en contra, unidos como equipo, en pleno conflicto político y social para lucirse en el Mundial del año 1995.
Más allá de todo el impacto social que tiene esta película, tuvo un impacto muy personal en Valentina. Desde allí nació su fascinación por el rugby y descubrió la importancia de esforzarse para lograr sus objetivos creyendo en ella misma. Al iniciar su nueva etapa universitaria descubrió que había un equipo de rugby. Como se esperan, Valentina no dudó ni un segundo para unirse a él.
Algo que le gusta del Rugby es que más que un equipo son una familia en la cual, más que brillar, buscan complementarse y ayudarse entre sí. “Un equipo es tan fuerte como lo es su eslabón más débil” dice frecuentemente su entrenadora Raquel Delgado. Esta frase causa un gran impacto en ella y la traduce de la siguiente manera: “Hay que fijarnos en nuestras debilidades y esforzarnos aún más para brillar con ellas”.

Como todos, Valentina no se escapa de inseguridades; de hecho, la falta de confianza es uno de los aspectos que identifica como esas debilidades en las que debe trabajar. Desde su adolescencia le costaba mucho confiar en sí misma. Aunque por su personalidad extrovertida y sus habilidades sociales no parecía, en su interior escondía muchas inseguridades. Sin embargo, día a día fue adquiriendo las herramientas para lograr superarlas y hoy, al menos en los ámbitos profesional y académico, parece ser pan comido.
Líderes para el servicio
Un día asistió a una convivencia realizada por la escuela de educación para los estudiantes del programa Educa 20/20. Allí la profesora Jessica Sifontes (quien hoy en día es una gran amiga de Valentina) les comentó de Huellas, un nuevo proyecto que se estaba realizando en la universidad. Todas sus amigas se anotaron y ella casi que por presión social también lo hizo.

Huellas era un lugar en el que podía formarse en liderazgo, realizar actividades de acción social y conocer y estudiar su relación con Dios. Al descubrir estos tres ámbitos le gustó más la idea y decidió quedarse. Cuando entró en este nuevo reto estaba llegando a Caracas y la amistad era algo que no tenía; encontrarla en este grupo, casi que por casualidad, fue algo muy valioso para ella. Desde el día se ha sentido y se siente en familia. La hermandad y el amor es algo que siente en cada uno de los encuentros.
La espiritualidad era un aspecto muy abandonado por parte de Valentina. En Huellas pudo reconectar con eso, reconectar con Dios. Un Dios basado en el amor más grande, más puro y más sincero y que día a día recibe en cada uno de sus compañeros huellistas.
Si la vieran, actualmente es una de las más grandes dentro del movimiento. Ha ejercido diversos roles de liderazgo en distintas actividades, además, todas sus intervenciones grupales tienen tal grado de profundidad y autenticidad que pone a reflexionar a quien la escuche en la sala.
Las cuatro mosqueteras
Algo bastante llamativo de Valentina es que siempre está con sus amigas: Karen, Thisleidy y Hillary. Ellas a los ojos de muchos parecen ser el típico grupito de amigas de carrera. Sin embargo, al mirarlas con un ojo más crítico deslumbran por ser diferentes. Como dirían por ahí, más que amigas son hermanas. Tienen una amistad bastante transparente y sincera y entre ellas mismas han sido esa luz que ilumina en los momentos más oscuros. Valentina confiesa que ella y Karen son las más viejas del grupo y cree que el secreto de su amistad es ese equilibrio perfecto que tienen entre experiencia y juventud.

Una de estas cuatro mosqueteras, cuyo nombre no voy a revelar, abrió su corazón y compartió conmigo brevemente cómo es Valentina desde sus ojos. Definitivamente el amor se siente en esta descripción y es una demostración de la belleza espiritual que tiene y de cómo impacta a los demás.
“Valentina es una persona sumamente increíble. Nunca te cansas de conocerla. Como su amiga la describo como alguien valiente, capaz, inteligente, bondadosa, solidaria, de esas personas a las que recurres para que te aconsejen y te ayuden así sea en lo más tonto posible. Es muy apasionada y comprometida con lo que le encanta, como cocinar, enseñar y jugar rugby. Ella une esas tres cosas en una sola receta y de allí nace un gran resultado para todo lo que se propone. Es muy familiar y simpática de esas amigas que te hacen sentir en casa y sabes que protegerán pase lo que pase. Es muy elocuente, talentosa, creativa y profundamente servicial, da y ofrece porque le gusta y le nace hacerlo y lo hace de corazón. Es una gran persona y sobre todo, admirable.”
¡Gracias, Valentina! Sigue inspirando y llenando nuestros corazones.



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